martes, 19 de mayo de 2009
No me funcionó estudiar en la tarde
Andar sólo en el metro, apretado (o hacinado), sin algo que leer ni música que escuchar, agarrado del fierro, mirando a los ojos a la gente que va detrás de uno por el reflejo del vidrio de la puerta, no es nada grato. Además que no siempre gano la batalla de miradas, reconozco que por lo menos en una de cinco debo bajar la cabeza derrotado, humillado y bastante nervioso. Esta tarde perdí cuatro de cinco…
Después de esa subterránea tortura vino la eterna C-14, que a pesar de que me dio la posibilidad de leer no la aproveché. Preferí hablar con la voz interior que nace en algunas tardes (no todas lo juro) en el patio de la facultad. Esta vez no fue tan agradable como siempre, ya que entre el trauma y la paranoia no pude mover la boca como me gusta cuando me conversa la voz interior. “¿Qué pensaran? ¿Qué estoy hablando sólo? ¡No! ¡Ni cagando! Bueno sí… ¡Y que! Debería estar prohibido mirar a la gente que habla sola, pero eso es otro tema en el que ahondaremos luego…” “¿Ahondaremos? Y ahora con quién hablai”, me dice la voz interior.
En fin, no pude estudiar latín en la tarde, la voz interior y cierto CD que llevaba tiempo sin escuchar me llamaron más la atención… y terminado eso, me dediqué a escribir algo sin sentido.
sábado, 18 de abril de 2009
"Tengo un dolor en la cabeza"
sábado, 21 de febrero de 2009
De como conocí a Nadie
Uno de aquellos días, figuraba yo sin polera, en shorts, atornillado al sillón, con la pereza y el ocio de hermanos del alma hasta que decidí ejercitar la mano, como buen escritor que me creo, para ver si salía alguna cosa interesante…
Después de mucho rascarme la cabeza, tamborilear en la mesa de vidrio, contemplar asombrado a las musas de mi pieza y hacer cuanta asquerosidad hace uno en esos ratos de flojera pensante, se me ocurrió escribir una carta destinada a nadie…
Estimado Nadie:
Le escribo estas líneas, no con el afán de molestar, sino para, quizás, con el debido respeto, intercambiar ideas, anécdotas, chistes o lo que usted crea que sea conveniente, para así poder, en un futuro cercano, conocernos y, en una de esas, entablar una amistad.
La cosa es que hoy en día, con estos calores agobiantes de enero, necesito salir un rato; la soledad de la televisión y la dieta de los libros ya no me convencen. Es por esto que me estoy contactando con usted, buscando más que nada compañía, un amigo para tomar unas cervezas heladas, reírme un rato o algo por el estilo.
Sin excederme más, creo que he dejado claras mis intenciones. Así que le deseo lo mejor y ruego tome en serio esta carta.
Saludos y suerte, le desea
C.
Una vez hube terminado mi encomienda, con sobre y estampilla en mano, me animé a enviar la carta por el correo local. Quizá solo para salir de mi casa y caminar un rato o quizá sólo me deje llevar por esa locura que a más de alguno le nace de repente.
Pasaron días y semanas de calores infernales, repeticiones de programas, películas del Blockbuster, páginas con letras, una que otra salida por ahí con los mismos de siempre, pasteles de choclo, porotos granados, en síntesis… un enero cualquiera. La cosa es que una tarde me encontraba viendo uno de los tantos especiales de Los Simpsons, cuando sonó el teléfono un par de cien veces. Cuando me di cuenta que nadie más iba a atender, me despegué del sillón y contesté:
-¿Aló?
- Sí, Hola, ¿Se encuentra C.?
- Sí, con él… ¿Quién es?
- ¡Hola! Soy Nadie, recibí tu carta… y como no soy muy bueno pa’ eso de escribir preferí buscar tu numero en la guía telefónica y llamarte.
- ¿Qué?... A si mi carta…
Para no alargar de más este relato, me veo obligado a resumir una conversación telefónica históricamente larga, que duró alrededor de media hora y terminó en lo siguiente:
- Si obvio, me encantaría… yo llevo las cervezas… ¡Ah! ¿Puedo invitar más gente?
- Pero claro… Estaría re bueno… Pero pensaba que no tenías muchos amigos…o al menos eso decía tu carta
- Bueno es que… tú sabes, en una de esas… Ya entonces mañana a las cinco… perfecto…nos vemos allá… Adiós, suerte.
- Adiós, nos vemos…
Y colgué.
Pasaba mi hermano que andaba por ahí y me preguntó:
-¿Con quién hablabai tanto rato? ¿Quién era?
Y sin pensarlo dos veces dije:
-Con Nadie.
Y volví, como estrella de mar, a adherirme al cómodo sillón en frente del televisor.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Se para el fútbol...
martes, 18 de noviembre de 2008
Los Guerreros
Parte Uno:
Parte Dos:
Parte Tres:
Parte Cuatro:
lunes, 17 de noviembre de 2008
Cuatro temitas...
OJO: Subir el volumen para escuchar bien...
La salida

Por: Alvaro Valenzuela
Jugamos de local. Los papeles se acumulan en el aire, las cintas vuelan lejos hacia la reja. El humo azul y blanco invade el panorama e impregna el olfato. Surgen los destellos chispeantes que enrojecen a mi gente. El griterío es inmenso, resuena en mis oídos y bailan los pies al son del carnaval. Aparecen los once, saludan, miro hacia el cielo, luego a la cancha y aplaudo; como los miles de dedos, palmas y brazos que me acompañan. Se acomodan todos en sus lugares, el arquero hace un gesto de aprobación, el borracho colgado de la reja, la bandera ondeando, al bombo le late el corazón y el platillo le acompaña por lo bajo, el de negro se alista, mira de lado a lado... me paso la lengua por mis dientes pegajosos y mis labios de madera. Escupo un merengue que termina adornando el empapelado suelo de piedra gris. Saco un cigarrito y lo enciendo…humo, argolla, humo, ¡Partió!
