martes, 14 de agosto de 2018

Instrucciones para mi funeral


El año 2013 hice un Magister de Periodismo en la PUC y el diario El Mercurio. Uno de los talleres de aquel curso lo impartió la famosa escritora y periodista argentina Leila Guerriero. Ella nos pidió como tarea hacer un texto corto que tuviera las instrucciones para nuestro futuro funeral. Me pareció un gran ejercicio porque te hacía reflexionar acerca de tu vida y como impacta en las demás personas. También te hacía darte cuenta del egoísmo del ser humano al tratar de seguir presente en el mundo dando ordenes incluso una vez fuera de este. Esto fue lo que escribí en ese entonces:

INSTRUCCIONES PARA MI FUNERAL

Mi primera petición se repite en los estadios de fútbol cada fin de semana: “Cuando me muera/ yo quiero que mi cajón/ sea azul y blanco/ como mi corazón”.  Si no encuentran uno con esos colores al menos que le pongan una bandera de la Católica encima al ataúd.

Ojalá lean máximo tres discursos durante el funeral y que sean breves. Si son lecturas de textos no podrán tener más de una página de extensión. Poemas, crónicas, chistes, anécdotas o canciones. Lean lo que quieran.

Si hay música ojalá pongan una de los Ramones. “Pet Sematary” me parece una atinada elección, la letra calza con la situación. A mis hijos, si es que tuviese para el día de mi muerte, les digo que poner un cliché como “Mi Viejo” de Piero, me parece una gran idea. Me gustan esos lugares comunes y la canción me emociona. 

No digan que fui un santo. Destaquen mis defectos y no sólo mis cualidades. Bromeen con mis manías y cuenten alguna situación vergonzosa por la que pasé.

Si muero en verano no permitan que las personas vistan formal ni de negro. No es necesario que sufran de calor por una tradición banal. Si llueve compartan los paraguas.

Coco, 2013


martes, 16 de octubre de 2012

¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?

16- 10- 2012

 Primero intentaré desenredar una madeja de argumentos en un estilo periodístico argumentativo, buscando, aunque sea, una pisca de objetividad que exponga mi versión sobre lo que se debió hacer en el segundo tiempo del partido que perdió la Selección Chilena la noche de hoy ante Argentina. Alrededor de los 60’ ingresa Eduardo Vargas por Sebastián Pinto, buscándose al parecer la velocidad y buena colocación del hoy delantero del Napoli por sobre la referencia de área del jugador del Bursaspor turco. 
A mi parecer se debió apostar por Vargas pero entrando por la izquierda para profundizar aún más por la banda donde Mark Gonzales aportaba con el ida y vuelta para ayudar en defensa pero que no lograba ser punzante en los metros finales. Es decir, tener a Eduardo Vargas y Alexis Sánchez acompañados ambos dos por sus laterales (Beausejour e Isla respectivamente) machacando por la banda y buscando un nueve de área como es Pinto. Esto además permitiría mayor espacio para Fernández en la mitad, ya que el 14, hoy capitán del equipo, debió luchar en demasía entremedio de una línea de contención y defensa que lo asfixió durante casi todo el partido. Con este mayor volumen ofensivo, a mi parecer, se pudo haber vulnerado la resistencia albiceleste y así, descontar el 2 a 0 en contra. 


 En segundo lugar me lamento como un hincha enfrente del televisor, con unos cuantos tragos encima, al ver la poca fortuna o mala puntería, tal vez, del ataque chileno. Mirando el vaso medio lleno, se llegó, sí, pero se desperdician oportunidades claras de gol que, de ser aprovechadas, ratificarían el buen nivel, tanto individual como colectivo, que posee “La roja de todos”. Odio tener que tragarme, como lo hemos hecho casi siempre -Ojo con la tercera persona, perdimos todos, ¿Somos uno hincha y equipo o no?- una derrota que incluso pudo ser victoria histórica como la vez de Orellana –yo te llamaba para hacerlo tradición Fabián- y que termino siendo un “casi”. Un 2 a 1 conseguido al final. Respetuoso, por el trámite del partido, pero tarde para ilusionarse con un empate. Pero, en fin, no son más que las rabietas de un hincha mal genio con anhelos periodísticos. Al menos, permítaseme un desahogo que limpie telarañas y polvo del oficio de escribir que me gustaría hacer más constante. 

 Vamos todavía. 

 Coco, 2012.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Jack

Yo no soy celoso, pero una infidelidad no la puedo perdonar. Llevábamos tres meses juntos. Ella le encantaba ver películas, yo en cambio siempre he sido un amante del deporte al aire libre. Un día después de una fiesta fuimos en mi auto a un mirador cerca de su casa. Recorrí lentamente su cuello con mis labios. Ella me abrazó con fuerza. Al final, su mano dejo una huella en el vidrio empañado y me susurro al oído: "Te amo Jack". Ahí me di cuenta de que mi polola me engañaba con un tal Jack.

martes, 6 de marzo de 2012

Pateando la perra

Para el que probó el vicio más popular del mundo


Te perdiste ese almuerzo con la familia de ella, la fiesta del primo y cuanto cumpleaños te invitaron.

Exprimiste hasta ese último pedazo de carne que te ofrecían los dedos.

Puteaste a todas las madres del árbol genealógico, hasta la más vieja raíz, del ladrón y sus dos banderilleros.

Vomitaste laringe, esófago y pulmón alentando a los tuyos.

Sí, ibas corriendo al lado del volante para sacar el centro, barriste desde atrás con el central y chuteaste abrazado al delantero.

Pero mascaste un empate al último minuto, te tragaste un gol anulado y te vacunaron cuando la gloria estaba tan cerca.

Nos vemos el próximo domingo.


Coco, 2012

jueves, 5 de enero de 2012

Procesos y descargos

¿Dónde dice: Se busca poeta, buena remuneración?
El lado oscuro del corazón, Eliseo Subiela (1992)




Una araña tigre de patas flacas y peludas. Con el cuerpo manchado y pequeño. Crea telas invisibles que se pegan en las murallas, en los rincones polvorientos donde pueda atrapar a esas moscas casi invisibles o esas arañas menores, bastante ágiles y venenosas pero de poca astucia, que le sirven de alimento. Así también, rayo cuadernos y papeles con garabatos ilegibles. Los traduzco, para después traspasarlos a esa oscura máquina en forma de L y pantalla luminosa, ese genio inválido que debo enchufar a la red eléctrica para que no se desmaye. Ahí serán parte de una colección de documentos ordenados alfabéticamente, una mazamorra de letras y códigos altamente configurados que uso como carnada. Después, estas carnadas las amarro en anzuelos y redes sociales de nylon que dejo flotar libremente en las densas aguas del internet. Finalmente espero a que algún pececillo muerda esos señuelos y caiga en la trampa para que yo pueda alimentar mi hambriento ego.

Sucede también, es muy posible, un riesgo que elegí correr, que se pierdan entre las infinitas corrientes de mensajes, hundiéndose hasta tocar un fondo tan lúgubre y lóbrego, que ni el más submarino de los buscadores podrá encontrar.

Mi consuelo es ser como ese viejo salao y lanzarme al mar por no se cuantos días, tostarme el mate con el calor del sol y un letárgico aburrimiento, para no pescar más que una historia que contarle a algún muchacho soñador que siga la misma senda.


Coco,2012.

Colación

Dos hombres sentados en una banca en una plaza pública a las 2 pm.


- Sube el tabaco, la bencina, las pastillas, la leche, la lechuga…
- ¿Ah? ¿Como dijo?
- Sube el metro, los porotos, las lentejas y el arroz…
- ¿Qué?
- Y este libro que tengo en mi mano es más barato que la servilleta que cubría el pan que está comiendo
- ¿De qué me está hablando?
- No sabe usted como se desvalorizan las letras.
- ¿Yo a usted lo conozco?
- He visto libracos de muchos sabores a menor precio que una Coca-Cola de litro y medio.
- No le entiendo una sola palabra.
- Una imagen vale más que dos trillones de palabras.
- Usted lo ha dicho

Pueri: Ubi sunt?

A mis hermanos


¿Quién escribirá sobre aquellas luchas interminables en el sofá-cama? ¿Y la cazuela del domingo? ¿Y el bigote de Nesquik? ¿Y que el 97 lo ganamos todo con un Brasil más mítico y virtual que el de Zagallo? ¿Sabrán esos viejos de allá que inspiraron cuanta fortaleza y ataque sorpresa fue representada con Legos coloridos por niños de acá? ¿Volarán armados del poder supremo a esa batalla? ¿Se sabrán la flauta del primer castillo? ¿Llevarán con orgullo esos parches del pantalón manchados con pasto? ¿Correrán hasta que se caiga la noche todas las pelotas? ¿Pedirán maní en el entretiempo? ¿Sudarán de nervio cuando deban lanzar, desde la última línea del tirigane, ese Cirilo, ese Torito o la más foto-cromada bolita? ¿Quién grabará por ambos lados del casete? ¿Y quién chucha lanzará la espada cuando nos vayamos?