Era la primera lluvia de otoño. Suave, como si las nubes solamente quisieran convencernos de que era otoño. De que en aquella estación si llueve y no es más que una continuación del verano. A pesar de esto, más de uno lucía un pantalón corto y más de alguna una de esas camisetas con tiras en los hombros y pronunciado escote o simplemente una mini falda.
Salimos de clase más temprano de lo común. Todos querían llegar a sentarse en frente de un televisor –incluso el profesor- y ver el amistoso entre nuestra selección nacional de fútbol y cierto país europeo de segundo orden, si mal no recuerdo era contra Eslovaquia, en Bratislava.
Samuel sugirió ir al bar cercano a la facultad por unas pilsen y observar el importante encuentro. Las mujeres amigas, como suelen hacerlo, huyeron despavoridas ante tal aburrido panorama deportivo. Los que quedamos emprendimos el recorrido. En el extenuante y húmedo camino a alguno se le ocurrió parar a rolar un pito para amenizar la marcha y luego el tan esperado duelo de la “Roja de todos”. Todos asentimos y celebramos la gran idea.
Entre paradas; comprar cigarros en un kiosco, uno quiso fósforos, otro unas sopaipillas en un carrito cercano al bar alegando que no había almorzado, llegamos un poco antes de la mitad del primer tiempo.
(continua)
viernes, 15 de abril de 2011
HEMOS VUELTO
martes, 1 de febrero de 2011
Vacaciones
jueves, 23 de diciembre de 2010
Big Bang Big Boom
Nuevo video de Blu. (“an unscientific point of view on the beginning and evolution of life … and how it could probably end.”)
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Tren
Me llegó por ahí un cuento que estaba perdido entre megabytes de carpetas amarillas, entre archivos de letras perdidas. Mejor... lea:
Talvez la vida está llena de colores, talvez. ¿Y qué? Da más para el desastre que pasar frío todos los inviernos. Mejor callo o moriré. Entonces lo hago, no tengo miedo. Después de todo hay un todo, y todos nos vamos, o al menos, la mayoría. Bueno lo haré, odio su nombre; éramos Berto, Mirto y Carto y llegó Surto. Maldito no me agradó desde el principio, desde el comienzo. Y tuvo que entrar al grupo sólo por caerle bien a Mirto. Estoy cansado siguiendo la interminable línea del tren, que nunca pasa. Ni siquiera sé a donde vamos, no importa odio a Surto. Dame el agua. ¡Que mierda! Ahora si que sí, se tomó todo y me muero de sed. No se porque me aparte al otro lado de la línea, quizá para pensar, quizá porque odio a Surto. Tampoco sé si escuché bien o no, pero creí oír a Surto decir que venia el tren… ¡Que idiota! Esta línea no funciona desde hace mucho tiempo. Me está doliendo el corazón y no recuerdo algo, es mi instinto. Es cierto, sí venia el tren, era verdad, estoy nervioso. Lo peor de todo, viene Surto y apoya su mano sobre mi espalda, yo hago un gesto de desacuerdo y aun así la deja sobre mi hombro. Me habla, me habla, no se detiene, y yo sin disimulo, porque ya me aburrí, sí ya me harté, no aguanto más el cinismo, le doy esas respuestas tajantes que evitan respuestas y preguntas, en tono cortante, desafiante y atrevido. El no entiende nada y continua, mientras lo hace el tren también, y yo ya no escucho ni logro entender lo que dice, mucho mejor. Serían dos metros la distancia para que el tren nos alcance. Impulsivamente ocurre un acto inmediato en mí, empujo a Surto, el tren lo extermina en un instante, lo hace pedazos, es horrible a mis ojos de niño, pero soy feliz. Me quedo parado mirando y disfrutando como las ruedas siguen pasando por los trozos que quedaron bajo el tren, soy más feliz. El tren no se termina nunca, maldito tren, quiero poder mirar para el otro lado las caras de espanto y terror de mis mejores amigos. Por fin se me fue ese pálpito en mi corazón, ahora estoy tranquilo, recuerdo todo. Simplemente era que odiaba a Surto, pero ya no, ahora no tiene sentido, estoy aun más tranquilo, que felicidad. Me siento observado, mis amigos me miran sin poder creer que ocurrió, y yo feliz por dentro y por fuera, y repito: sin disimulo y ahora con descaro. Bueno ahora solo queda esperar a que vengan y me culpen de homicidio, ese acto típico y cotidiano de la vida, pero no me importa, ya no odio a Surto, estoy tranquilo y feliz. Si me dan la pena de muerte no importa, callo o moriré. Igual aun creo que existe un todo y todos nos vamos, o al menos la mayoría, Surto fue uno y ya no lo odio.
James, 2006
Talvez la vida está llena de colores, talvez. ¿Y qué? Da más para el desastre que pasar frío todos los inviernos. Mejor callo o moriré. Entonces lo hago, no tengo miedo. Después de todo hay un todo, y todos nos vamos, o al menos, la mayoría. Bueno lo haré, odio su nombre; éramos Berto, Mirto y Carto y llegó Surto. Maldito no me agradó desde el principio, desde el comienzo. Y tuvo que entrar al grupo sólo por caerle bien a Mirto. Estoy cansado siguiendo la interminable línea del tren, que nunca pasa. Ni siquiera sé a donde vamos, no importa odio a Surto. Dame el agua. ¡Que mierda! Ahora si que sí, se tomó todo y me muero de sed. No se porque me aparte al otro lado de la línea, quizá para pensar, quizá porque odio a Surto. Tampoco sé si escuché bien o no, pero creí oír a Surto decir que venia el tren… ¡Que idiota! Esta línea no funciona desde hace mucho tiempo. Me está doliendo el corazón y no recuerdo algo, es mi instinto. Es cierto, sí venia el tren, era verdad, estoy nervioso. Lo peor de todo, viene Surto y apoya su mano sobre mi espalda, yo hago un gesto de desacuerdo y aun así la deja sobre mi hombro. Me habla, me habla, no se detiene, y yo sin disimulo, porque ya me aburrí, sí ya me harté, no aguanto más el cinismo, le doy esas respuestas tajantes que evitan respuestas y preguntas, en tono cortante, desafiante y atrevido. El no entiende nada y continua, mientras lo hace el tren también, y yo ya no escucho ni logro entender lo que dice, mucho mejor. Serían dos metros la distancia para que el tren nos alcance. Impulsivamente ocurre un acto inmediato en mí, empujo a Surto, el tren lo extermina en un instante, lo hace pedazos, es horrible a mis ojos de niño, pero soy feliz. Me quedo parado mirando y disfrutando como las ruedas siguen pasando por los trozos que quedaron bajo el tren, soy más feliz. El tren no se termina nunca, maldito tren, quiero poder mirar para el otro lado las caras de espanto y terror de mis mejores amigos. Por fin se me fue ese pálpito en mi corazón, ahora estoy tranquilo, recuerdo todo. Simplemente era que odiaba a Surto, pero ya no, ahora no tiene sentido, estoy aun más tranquilo, que felicidad. Me siento observado, mis amigos me miran sin poder creer que ocurrió, y yo feliz por dentro y por fuera, y repito: sin disimulo y ahora con descaro. Bueno ahora solo queda esperar a que vengan y me culpen de homicidio, ese acto típico y cotidiano de la vida, pero no me importa, ya no odio a Surto, estoy tranquilo y feliz. Si me dan la pena de muerte no importa, callo o moriré. Igual aun creo que existe un todo y todos nos vamos, o al menos la mayoría, Surto fue uno y ya no lo odio.
James, 2006
jueves, 18 de noviembre de 2010
Ponencia: Kutxi Romero, de rockero a poeta
“¿Qué otra cosa podía haber sido un tipo como Kutxi sino un poeta de mierda en un lugar en el que cuando el mismo dios en calzoncillos falla un penalti le escarnian con un ¡Dedícate a la poesía!?”
Patxi Irurzun, Prólogo de Sumidero
Poemas escogidos
1.-
Poeta
Junta las manos y espera,
no tardarán en llegar las despedidas,
los adioses que desconoces y temes,
se irán como vinieron las alegrías y desdichas,
por la puerta del balcón,
por cualquier ventana,
en medio del más placentero de los besos,
transformando un orgasmo brutal en el más grande sinsentido
de tu vida,
¿y entonces que harás?,
dime, romántico de corazones perdidos,
dime, bufón, marioneta de mil almas,
tú, que te autodenominas poeta,
¿qué harás con tus versos sin su olor, sin su piel?,
¿acaso mitigarán el dolor de los que no quieren escucharlos?,
ojalá revienten en tu boca,
ojalá te ahoguen la soledad y el abandono salidos
de tu propia tinta, de tu propio papel,
porque como tu bien sabes,
los poetas no podéis dar nada, solamente palabras,
para que podamos saborear vuestras insulsas experiencias,
la falacia, la mentira de vuestras vidas,
sin la calidez del amor sois menos que nada,
igual que los demás mortales,
así pues fallece en tu palabra,
llora en soledad,
conoce al fin el dolor,
poeta.
2.-
Me gusta observar
A los poetas
Enhebrándose
Despiojándose
Mutuamente
Escuchar sus burdas rimas
Como el crepitar de televisores
Sus egos mastodónticos
Aferrados a sus falos erectos
Me gusta disparar
Mi mente enferma
Como una bala de cañón
Entre sus ojos
Para después
Dormir
Placenteramente
Con el estúpido sonreír
De las lombrices.
José Carlos Romero Lorente o Kutxi Romero, como se le conoce popularmente, es un cantante y músico del grupo de rock español Marea. Este conjunto lleva varios años en la escena musical y se ha ganado su espacio dentro del mundo del rock y la música española. Por ejemplo, el año que vinieron a Chile llenaron por dos días el local en el que tocaron (se tuvieron que realizar dos recitales para abastecer la gran demanda de público que esperaba disfrutar de su espectáculo), demostrando la popularidad de la banda. No obstante, esta ponencia se centrará en otra faceta del ya mencionado músico, que es la poesía.
Su obra poética está centrada en tres libros de poemas que datan de 1999 a 2003. Además, recientemente, fue publicado un libro que recopila los tres anteriores en uno llamado León manso come mierda (2004), antología que se usó para este trabajo. A pesar de poseer una gran cantidad de poemas, aquí se analizaran dos: uno del primer libro (1999) conocido como “Poeta” y el otro, que no lleva nombre, del último libro (2003).
Patxi Irurzun, Prólogo de Sumidero
Poemas escogidos
1.-
Poeta
Junta las manos y espera,
no tardarán en llegar las despedidas,
los adioses que desconoces y temes,
se irán como vinieron las alegrías y desdichas,
por la puerta del balcón,
por cualquier ventana,
en medio del más placentero de los besos,
transformando un orgasmo brutal en el más grande sinsentido
de tu vida,
¿y entonces que harás?,
dime, romántico de corazones perdidos,
dime, bufón, marioneta de mil almas,
tú, que te autodenominas poeta,
¿qué harás con tus versos sin su olor, sin su piel?,
¿acaso mitigarán el dolor de los que no quieren escucharlos?,
ojalá revienten en tu boca,
ojalá te ahoguen la soledad y el abandono salidos
de tu propia tinta, de tu propio papel,
porque como tu bien sabes,
los poetas no podéis dar nada, solamente palabras,
para que podamos saborear vuestras insulsas experiencias,
la falacia, la mentira de vuestras vidas,
sin la calidez del amor sois menos que nada,
igual que los demás mortales,
así pues fallece en tu palabra,
llora en soledad,
conoce al fin el dolor,
poeta.
2.-
Me gusta observar
A los poetas
Enhebrándose
Despiojándose
Mutuamente
Escuchar sus burdas rimas
Como el crepitar de televisores
Sus egos mastodónticos
Aferrados a sus falos erectos
Me gusta disparar
Mi mente enferma
Como una bala de cañón
Entre sus ojos
Para después
Dormir
Placenteramente
Con el estúpido sonreír
De las lombrices.
José Carlos Romero Lorente o Kutxi Romero, como se le conoce popularmente, es un cantante y músico del grupo de rock español Marea. Este conjunto lleva varios años en la escena musical y se ha ganado su espacio dentro del mundo del rock y la música española. Por ejemplo, el año que vinieron a Chile llenaron por dos días el local en el que tocaron (se tuvieron que realizar dos recitales para abastecer la gran demanda de público que esperaba disfrutar de su espectáculo), demostrando la popularidad de la banda. No obstante, esta ponencia se centrará en otra faceta del ya mencionado músico, que es la poesía.
Su obra poética está centrada en tres libros de poemas que datan de 1999 a 2003. Además, recientemente, fue publicado un libro que recopila los tres anteriores en uno llamado León manso come mierda (2004), antología que se usó para este trabajo. A pesar de poseer una gran cantidad de poemas, aquí se analizaran dos: uno del primer libro (1999) conocido como “Poeta” y el otro, que no lleva nombre, del último libro (2003).
jueves, 21 de octubre de 2010
Recién impreso
Para ventilar los aires (un rato) de la letra dictatorial de quién suele escribir en este espacio, presento un pequeño cuento, de un pequeño personaje, de una gran personalidad que esperemos sea acorde a su talento narrativo y, a la vez, sea de su agrado estimado lector. Ahora, lo invito a leer:
Recién impreso
Rubén solía levantarse temprano los fines de semana. A eso de las ocho ya estaba en la calle elongando un poco para realizar su habitual trote matutino.
Hoy llego hasta la virgen. -se dijo a si mismo- Si total salí temprano y pa cuando llegue van a estar todos recién despertando.
Así comenzó su recorrido rumbo arriba del Cerro San Cristóbal, entre autos que subían y bajaban y decenas de ciclistas y corredores que disimulaban su edad mediante disfraces ad hoc y posturas pseudo profesionales.
Esta actividad realmente lo revitalizaba. “Nada mejor que escapar de los escritorios y de las tenidas formales exageradas comenzando el fin de semana quemando calorías y botando el estrés acumulado”, decía.
Al llegar frente a la imponente estatua de la (santísima) Virgen María decidió darse un descanso. Tenía buena vista y se encontraba a un par de metros del supuesto mejor vendedor de mote con huesillos de la capital. Mmmm, refrescante, pensó.
Ya con las energías de vuelta decidió emprender el camino de regreso. Cerca de donde se encuentra ubicado el jardín japonés comenzó a escuchar ruidos y sirenas a la distancia.
¿Será un viejo que no se la pudo y terminó con un ataque al corazón? Se preguntó.
Al llegar abajo interrogó a uno de los porteros de la entrada acerca de lo ocurrido, solo para salir de las dudas.
-Un viejo e mierda que parece que empujo a un cabrito chico a la jaula de los leones en el zoológico, le dijo el viejo.
-Pero eso es horrible, dijo Rubén. ¿Sabe la razón?
-Lo que alcancé a escuchar fue que habían realizado un descubrimiento con los osos polares.
-Y eso que tiene que ver, respondió.
-Fue lo que escuché le dijo el portero.
Ya camino a su casa, Rubén solo pensaba en lo torcido que estaba el mundo y en la tontería que había escuchado de la boca del portero.
Al llegar a su propiedad, entró a la cocina, se preparó unas tostadas, tomó el diario y fue a su pieza. Para su sorpresa, ya todos los niños estaban despiertos y acurrucados en su cama peleando por el control remoto del televisor.
-¿Como estuvo el ejercicio?
-Bien, pero la mañana fue bastante extraña.
-Descansa y lee tu diario.
-Con este ruido es imposible.
-¡Niños, cállense!. Dejen a su papá leer el diario tranquilo. ¿Hay alguna noticia que importe mi amor?
-Nada.
-¿Qué pasó con el dinosaurio del Mapocho?
-Se murió parece.
Matías Charlín, 2010
Recién impreso
Rubén solía levantarse temprano los fines de semana. A eso de las ocho ya estaba en la calle elongando un poco para realizar su habitual trote matutino.
Hoy llego hasta la virgen. -se dijo a si mismo- Si total salí temprano y pa cuando llegue van a estar todos recién despertando.
Así comenzó su recorrido rumbo arriba del Cerro San Cristóbal, entre autos que subían y bajaban y decenas de ciclistas y corredores que disimulaban su edad mediante disfraces ad hoc y posturas pseudo profesionales.
Esta actividad realmente lo revitalizaba. “Nada mejor que escapar de los escritorios y de las tenidas formales exageradas comenzando el fin de semana quemando calorías y botando el estrés acumulado”, decía.
Al llegar frente a la imponente estatua de la (santísima) Virgen María decidió darse un descanso. Tenía buena vista y se encontraba a un par de metros del supuesto mejor vendedor de mote con huesillos de la capital. Mmmm, refrescante, pensó.
Ya con las energías de vuelta decidió emprender el camino de regreso. Cerca de donde se encuentra ubicado el jardín japonés comenzó a escuchar ruidos y sirenas a la distancia.
¿Será un viejo que no se la pudo y terminó con un ataque al corazón? Se preguntó.
Al llegar abajo interrogó a uno de los porteros de la entrada acerca de lo ocurrido, solo para salir de las dudas.
-Un viejo e mierda que parece que empujo a un cabrito chico a la jaula de los leones en el zoológico, le dijo el viejo.
-Pero eso es horrible, dijo Rubén. ¿Sabe la razón?
-Lo que alcancé a escuchar fue que habían realizado un descubrimiento con los osos polares.
-Y eso que tiene que ver, respondió.
-Fue lo que escuché le dijo el portero.
Ya camino a su casa, Rubén solo pensaba en lo torcido que estaba el mundo y en la tontería que había escuchado de la boca del portero.
Al llegar a su propiedad, entró a la cocina, se preparó unas tostadas, tomó el diario y fue a su pieza. Para su sorpresa, ya todos los niños estaban despiertos y acurrucados en su cama peleando por el control remoto del televisor.
-¿Como estuvo el ejercicio?
-Bien, pero la mañana fue bastante extraña.
-Descansa y lee tu diario.
-Con este ruido es imposible.
-¡Niños, cállense!. Dejen a su papá leer el diario tranquilo. ¿Hay alguna noticia que importe mi amor?
-Nada.
-¿Qué pasó con el dinosaurio del Mapocho?
-Se murió parece.
Matías Charlín, 2010
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